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Zaira Guadalupe Vázquez Figueroa fundó Segunda Mirada, una Asociación Civil, la cual tiene como objeto apoyar la inclusión social de personas con discapacidad visual, auditiva y sordoceguera. Implementa talleres de defensa personal, movilidad en calle y actividades en cocina para para impulsar la vida independiente.

Zaira, intérprete de lengua de señas cuenta que inició auxiliando en la interpretación de misas y eventos sociales. “En los eventos conocí a personas con sordoceguera que para comunicarse formaban cadenas. Transmitían el mensaje mano a mano, es decir, uno estaba al frente interpretando y otra persona -que podría ser sorda u oyente con conocimiento de lengua de señas- transmitía el mensaje hacia los demás a través de mano a mano ”.

“Fue cuando me entusiasmó la idea de lograr entornos donde ellos se sintieran independientes más allá de su casa”.

Explica que la lengua de señas mano a mano se usa la misma lengua que emplean las personas para comunicarse con la comunidad Sorda pero sólo interpretan en la mano.

“En una cultura como la nuestra todo está organizado, hecho, construido y significado para ser percibido por la vista y el oído. Al momento que pierdes los sentidos de manera progresiva o al mismo tiempo, es necesario adaptarse.

“Cuando una persona nace sin ver, domina el habla y al perder el oído continúa hablando aún sin escuchar, esa persona se adaptará de acuerdo a los recursos que tenga. Además también está la técnica Tadoma que se usa cuando las personas aprenden a leer las vibraciones de la garganta de la persona que les habla.

“Te adaptas a nuevos métodos de comunicación, a moverte en el entorno, a apelar a tu memoria para acordarte de lo que alguna vez viste o escuchaste; de las sensaciones para ir construyendo nuevas con el olfato, el tacto o el gusto.

“En otros países como España o Estados Unidos una persona con sordoceguera usa una computadora con una línea braille para navegar, se apoya con intérpretes en la escuelas y en el sector salud. Aquí en México no sucede así,  la mayoría se acompaña con su familia. La tecnología necesaria para su independencia es muy costosa.

“Los niveles educativos de la comunidad Sorda y Sordociegos no son muy altos.  La gran mayoría sólo tiene primaria o secundaria a falta de profesionistas que los guíen.

“Las personas con sordoceguera no son distintas a quienes escuchamos o vemos.  Lo que las hace distintas es la forma de experimentar y se acercan al mundo. Ellos lo hacen desde una perspectiva más táctil, olfativa, gustativa.

“Si como sociedad creáramos experiencias que se disfrutaran además del oído o la vista, tendríamos experiencias más integrales y más inclusivas.

“Necesitamos pensar desde la base, desde la raíz y no hacer ajustes o parches en la educación, la salud o el ámbito laboral.

“En Segunda Mirada les enseñamos a domesticar los espacios, a hacerlos suyos, a moverse en la cocina, a comunicarse con su equipo; a lograr que su cuerpo no esté tan rígido. Trabajamos en la psicología, en el  manejo de emociones y técnicas de respiración.

“El contacto es indispensable para la comunicación, lamentablemente con la pandemia se ha dificultado la interacción.  Ahora trabajamos a distancia. Brindamos apoyos básicos para que vivan la cuarentena de forma digna. También tenemos un proyecto en línea de música, lectura, psicología, y con  apoyo de los familiares se transmite el mensaje”, dice Zaira.

 

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